Nevaba...
Fue una fiesta, en donde el fuego de la antorcha precedía el paso de una dedicatoria a un tal “San Bethoo”, y las nubes, lejos, eran traídas hacia el Ágora en forma de copos de nieve como espuma de viento. Las texturas de aquel paisaje fueron la enredadera en donde la simple música eligió para trepar por el aire, pero no fue para ella ninguna tragedia su tropiezo, sólo le hizo saber que aún le faltaba ensayo.
Y nevaba...
Ya promediando el concierto, detrás de los arbustos, hacia afuera, el viento cambiaba pero nadie pudo darle nombre a ese momento.
Ahora se puede decir que, con sólo ver medio segundo de esa función, se podría apreciar lo majestuoso de esa ya noche en Bernal. Que con sólo escuchar una fracción de los sonidos que fluyeron por momentos como bravas olas, se puede decir que en este mundo, en la Unqui, hay música.
¡Y nevó!
Corría la fría tarde del 9 de julio de 2007, para muchos el día en que nevó en Buenos Aires, para algunos otros, ese mismo día que nevó, sí, pero porque era el día del concierto. Minutos pasadas las 19 horas comenzaron a sonar las primeras notas y con ellas otra “Sinfonietta Sine Fulcro” organizada por Edgardo Palotta se empezaba a despedir. Ese fue el último capítulo de unos casi cuatro meses de trabajo, y así finalmente... toda la energía puesta por alumnos, profesor, músicos, bandas y toda la gente que ayudó y colaboró de alguna forma en la realización de este evento, se transformó en música, y para todos ellos sólo quedan aplausos y agradecimientos, muchas gracias.